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29 noviembre 2014

Supervivientes al desánimo. Resiliencia: estrategias para sobrevivir en un entorno laboral peligrosamente tóxico.


Recuerdo las palabras que me comentó un amigo en una ocasión mientras valoraba las hipotéticas consecuencias de su incorporación a un puesto de cierta responsabilidad en una organización: "intentaré no alimentar la envidia, pero no me dejaré avasallar por ella", me dijoNunca lo hubiese expresado mejor y con mayor economía de medios, a juzgar por los entresijos y situaciones por las que tuvo que transitar durante un período importante de su vida laboral. El bestiario completo de personajes con los que tuvo que lidiar no tienen nada que envidiar a las sagas de Tolkien. Desde hipócritas meapilas y pelotas de sainete a los que sólo faltaba terminar sus cumplidos ascendentes y serviles con aquella trasnochada y pintoresca fórmula administrativa que todos recordaremos -"cuya vida guarde Dios muchos años"- hasta ridículos conspiradores de salón cuya paranoia rozaba la psicopatología y creían que el universo conspiraba contra ellos. Lejos de parecerse a un paisaje bucólico, muchos entornos laborales contienen suficientes ingredientes tóxicos y perjudiciales para la salud mental que no debemos tomarnos a broma su abordaje. Comenzaremos intentando fundamentar los aspectos más teóricos que nos aporta la literatura especializada para luego abundar en reflexiones más cercanas, no por ello menos ciertas, a nuestro devenir cotidiano.
La capacidad de resistencia del ser humano no se manifiesta sólo y exclusivamente en el caso de tener que pasar por grandes calamidades o catástrofes. También, día a día, muchos de nosotros pasamos por infinidad de situaciones en las que nuestra capacidad de resistencia se pone a prueba. El estilo estratégico o táctico con el que abordemos esta diversidad de situaciones adversas va a determinar, en gran medida, nuestra capacidad de salir airosos o, por el contrario, de sucumbir al intento de escapar de las mismas.
El término resiliencia, de etimología latina ("rebotar"), alude a la cualidad que tenemos de resistir ante la adversidad y poder reconstruirnos y fortalecernos tras haber sobrevivido al conflicto. No es, ni más ni menos, que fruto de la capacidad de nuestra mente y cerebro (plasticidad neuronal) para adaptarnos a los cambios. No olvidemos que somos seres con un enorme potencial de adaptabilidad al medio. El uso del término proviene de la Física. En ese campo, se denomina resiliencia de un material a la energía de deformación en un cuerpo que puede recuperarse cuando el esfuerzo que lo presiona cesa. De ahí pasó al Psicoanálisis y, hoy día, se aplica de manera habitual en muchos ámbitos de la Psicología. En todos los casos, el significado es análogo.

Cualquier entorno laboral es un nicho ecológico propicio para ser colonizado por seres con una alta carga de toxicidad, que consiguen proyectar miseria y toxinas al entorno y al resto de miembros de la corporación. No es privativo de jefes o directivos sino que se extiende, al menos hipotéticamente, a todos los eslabones de la cadena de mando.
Nos encontramos a los envidiosos de toda la vida, que no cejarán en su empeño de buscar alianzas para reforzar sus posiciones. Detectan como hienas a los trabajadores brillantes o con buena disposición y dedicarán todo su afán a intentar desanimarlos y boicotear sus labores en cada momento y lugar que les sea posible. Si consiguen llegar a ejercer la dirección o el liderazgo de una corporación habrán dejado cadáveres por el camino y tras una máscara de falsa empatía, que esconde un profundo sentimiento de envidia, cobardía e inutilidad, machacarán sistemáticamente cualquier iniciativa de la que no puedan apropiarse. Por supuesto, no faltarán ocasiones en las que imputen a otros sus propios fallos y los del entorno. Nunca tendrán la culpa de nada, ni por acción ni por omisión. Este comportamiento pueril sería simpático si no tuviera las funestas consecuencias que para la autoestima y estabilidad mental de terceros ocasiona el hecho de no saber a qué atenerse con estos sujetos. Mi amigo me refirió el caso de uno de estos personajes que, con una falsa mueca perenne de afabilidad -de cartón piedra, claro está-, se dedicaba a recopilar información cotidiana que luego deformaba hábilmente para ser usada como moneda de cambio ante otros inútiles tan falsos como ella y así preservar su inestable posición laboral. En el fondo, se trataba de un muñeco roto cuya autoestima dependía más de las caricias perrunas que le prodigaban otros que del desempeño digno y honesto de su profesión. Ahora, con el tiempo, cree que su depresión se fundamenta meramente en causas biológicas, olvidándose del jardín venenoso que ayudó a cultivar durante mucho tiempo.
Otros especímenes zoológicos se especializan en la descalificación permanente del prójimo. Su objetivo es simple, aunque no por ello menos perverso, y consiste en socavar la autoestima de los demás con objeto de provocar su anulación psicológica. Sólo podrán brillar, debido a su poca luminosidad, cuando consigan provocar el apagón del entorno. Tienen tan poca energía que son incapaces de brillar por sí mismos y mucho menos de iluminar a terceros. Aunque lo pueden hacer sigilosamente, muchos devienen verdaderos agresores verbales. Con ello propician un deterioro brutal del entorno de trabajo que utilizan en su propio beneficio. 
Seguramente tampoco nos serán ajenos aquellos individuos que andan quejándose y lamentándose en todo momento. No sólo hacen daño al resto sino que, con su actitud, se lo infligen a sí mismos ya que sus esquemas mentales, si es que los tienen suficientemente desarrollados, se convierten en estructuras herrumbrosas de ínfima calidad que no sirven ni para mantenerlos en pie, psicológicamente hablando. Tuve conocimiento directo de un caso en el que se utilizaba la queja perenne como estrategia de ataque permanente para evitar que sus superiores, los de este sujeto, pudieran ejercer sus labores de seguimiento y dirección. Hábil como él solo, consiguió durante mucho tiempo mantenerlos a raya sin que estos se atreviesen a recriminarle su comportamiento mientras trabajaba menos que el sastre de Tarzán en verano.

No existe una panacea universal ni antídoto plenamente efectivo para sobrevivir en estos entornos tóxicos. No obstante, algunas estrategias podrían ayudarnos a reflexionar sobre nuestras actuaciones y ayudarnos a salir a flote. Comencemos.
Lo primero que habría que hacer es quitarse la venda de los ojos y afrontar nítidamente la realidad a la que nos enfrentamos. Solemos intentar justificar lo injustificable y dejar de llamar a muchas cosas por su nombre. Si logramos detectar con claridad las toxinas podremos articular mecanismos para que no nos afecten; por tanto, la toma de conciencia es fundamental para que nuestra mente dimensione las cosas de una manera más productiva.
También es importante realizar un proceso reflexivo que nos lleve a interpretar y procesar la información que nos hace daño de una manera diferente. De esta forma, aunque no la aceptemos, podremos adaptarnos a ella con más facilidad y limitar sensiblemente el impacto emocional que nos causaría si nos limitásemos a recibirla pasivamente y actuar de manera reactiva.
No podemos olvidarnos de nuestro propio autoconcepto y autoestima; los contextos tóxicos tienden a minarla. Por tanto, es imprescindible cuidarla más que nunca y buscar elementos, tanto dentro como fuera del entorno laboral, que nos permitan dimensionar y valorar nuestra propia importancia como personas. Si caemos en la trampa de creernos acríticamente lo que nos intentan proyectar terceros con mala fe, estamos perdidos. Por tanto, habrá que buscar todas las vías que nos permitan reparar el daño producido y reforzar dicha autoestima. Suelen ser, los acosadores, gente cobarde y vil. Cuando aprecian que sus ataques no son productivos y que se les hace frente, suelen echar el freno y huir como ratas.
Todo lo anterior lo podemos combinar con la necesidad de reforzar nuestras redes y contactos sociales. Los "malos" suelen buscar el aislamiento de sus víctimas para poder desvalijarlas impunemente. Por tanto, es absolutamente prioritario reforzar los lazos con personas honestas que  nos permitan trasladar inequívocamente a terceros despiadados que no estamos solos.
En última instancia, no hay que interpretar en términos negativos el abandono de las situaciones tóxicas. Ni tan siquiera podemos considerarla una derrota; ésta sería perecer en el intento. Consecuentemente, una vez puesto todos los medios por nuestra parte, no pasa nada si decidimos explorar otros entornos laborales y sociales que nos permitan seguir viviendo dignamente sin necesidad de amargarnos nuestra vida. Aunque esto último no es siempre posible, no deja de ser una opción respetable y sensata. Hablando con este amigo al que me he referido anteriormente, utilizábamos la expresión "saltar de la noria" para referirnos a la posibilidad de salirnos del círculo vicioso que nos generaba un daño permanente. Disfrutar del paseo o cambiar de camino, ésa es la cuestión.

"Vacunarse contra las toxinas sociales nos permitirá recuperar nuestra salud física y mental. Merece la pena intentarlo" 

@WilliamBasker



27 noviembre 2014

Empatía, comportamiento social y neuronas espejo: implicaciones para el liderazgo.

"Visualicemos una tarde de invierno sentados tranquilamente en el sofá mientras disfrutamos plácidamente una película bastante emotiva y sufrimos en cada escena del protagonista como si estuviésemos a su lado. No lo podemos evitar pero varias veces hemos tenido que limpiarnos una evasiva lágrima que se deslizaba por nuestra mejilla..." ¿Por qué manifestamos sentimientos análogos a los que observamos en los demás?

Con independencia de algunas explicaciones psicológicas o sociales al uso, las neurociencias nos ofrecen una llave insustituible para comprender las raíces de este tipo de comportamientos. En el cerebro, concretamente ubicadas en la corteza premotora y el lóbulo parietal, tenemos una red de neuronas, denominadas espejo o especulares, que se activan cuando alguno de nosotros observa una determinada acción en otras personas. La particularidad de esta red neuronal reside en que no son un mero sistema de imitación simple, como se pensó al principio por parte de los investigadores de la Universidad de Parma (Italia), que en el año 1991 estaban estudiando el cerebro de los monos. Antes bien, este curioso sistema espejo nos permite apropiarnos de las acciones, emociones y sensaciones de los demás, como si se tratasen de las nuestras y las viviésemos en nuestro propio cuerpo y mente. Con posterioridad, en el año 2006, su presencia ha sido demostrada en registros neuronales de pacientes humanos. 
Este sistema complejo permite a las personas dotar de significado a las acciones, tanto propias como ajenas, facilitando la comprensión de los demás y vinculándonos a un nivel cognitivo y emocional.
Parece ser que estas neuronas desempeñan un papel esencial en el desarrollo del comportamiento social, las habilidades, el conocimiento y, en suma, el desarrollo de la cultura, en su más amplio sentido.

Hasta aquí, la base teórica del artículo. La segunda parte va dirigida a la reflexión más mundana y próxima a nosotros. Lamentablemente, muchos de los dirigentes y líderes que deberían marcar la senda del trabajo que se realiza en las organizaciones deben de tener, a juzgar por los resultados pragmáticos de su desempeño, un bajo nivel de conectividad entre sus neuronas especulares. Podríamos decir incluso, valga la imagen, que el espejo está bastante empañado, con las nefastas consecuencias que de ello pueden derivarse tanto para sí mismos como para las personas que tienen a su cargo.
Algunas recomendaciones como las que me atrevo a sugerir podrían ser puestas en práctica. Como se trata de una actuación piloto y experimental, se recomienda que no se lleven a "rajatabla" so pena, para algunos de los del "espejo empañado", de que sus acólitos y subordinados intuyan un trastorno bipolar que les induzca a recomendarles un psiquiatra cuanto antes. Por tanto, vayamos paso a paso. Indicaremos algunas posibles estrategias de intervención. Quede constancia de que, afortunadamente, un número no desdeñable de personas que ejercen el liderazgo dominan y abundan en esta línea de actuación. Por tanto, asúmase como un recordatorio y un desideratum todo lo que sigue.

En primer lugar, el modelo que podríamos denominar "Harry el sucio", muy en boga en determinados entornos corporativos y practicado por jefes con menos habilidades sociales que Tarzán tenía antes de encontrarse con Jane, emula las andanzas del famoso actor Clint Eastwood. Sus películas pueden convertirse en un espacio de evasión y esparcimiento pero nunca en un modelo de actuación para un líder que se precie. 


Sonría, no le ocurrirá nada. El contagio emocional que se produce tras una sonrisa oportuna es un precursor muy importante de la empatía. Sus neuronas espejo comenzarán a desentumecerse y a reflejar el brillo que alberga, a buen seguro, en su interior.

Intente mostrar una actitud entusiasta en torno a la materia que estén abordando. Sus neuronas y las del otro se lo agradecerán, fundiendo sus enamoradas sinapsis en una danza fantástica que les permitirá explorar universos recónditos y maravillosos de cooperación.

Sea optimista. Aunque su naturaleza esté más próxima al metabolismo de una almeja, intente proyectar sus expectativas hacia lo mejor que pueda ocurrir en cada situación particular. El optimismo se aprende y tiene como peligrosos efectos colaterales la creación de climas emocionales seguros, empáticos y positivos en el entorno de trabajo.

Tenga grandes expectativas sobre los trabajadores y personal a su cargo. No todos son tan inútiles como usted, créame. No incurra en la barbaridad de rodearse de mediocres que no le hagan sombra porque le terminarán creciendo hongos bajo la moqueta.

Intente comprender algunos comportamientos del personal a su cargo, sobre todo si son especialmente jóvenes. La naturaleza, que es sabia, nos ha permitido seguir creciendo en lo que a evolución de los lóbulos frontales de la corteza cerebral concierne hasta pasada la veintena.

Acompañe siempre que pueda todas las explicaciones con gestos complementarios. No tema, no le confundirán con una reencarnación de la faraona ni con una versión burocrático-administrativa de la niña del exorcista. Al mover las manos y el cuerpo no sólo movemos el corazón sino que añadimos una mayor "potencia de ataque" para proyectar nuestras ideas. En otro artículo profundizaremos en el ámbito de la comunicación no verbal y su importancia para el ejercicio del liderazgo.

Potencie la autoestima de sus trabajadores ya que, además de ser importantes, deben sentirlo. Le vendrá bien por ellos y por usted. En el corto plazo le sería más fácil teledirigir una corporación de acomplejados e inadaptados replicantes; a la larga, se arrepentirá; hágame caso.

Escuche mucho más de lo que hable. De esa forma propiciará la activación de sus propias neuronas espejo, lo que no le vendrá mal. Recuerde que ante la tesitura de parecer tonto o estúpido, permaneciendo callado, puede empeorar sensiblemente la situación si abre la boca en exceso y despeja las dudas preexistentes sobre su estulticia.

Siempre que sea posible, intente evitar la competitividad a ultranza. Sólo los malos jefes, con una carencia pasmosa de habilidades sociales, juegan ese antiguo y trasnochado juego. Potencie el trabajo colaborativo; es mucho más eficaz en términos sociales y biológicos. Recuerde que las famosas neuronas a las que aludimos aquí nos hacen seres profundamente sociales y no meras alimañas sin escrúpulos pululando por la selva de las corporaciones.

Si le gusta y ama lo que hace podrá trasmitir esos sentimientos a todos los que le rodean. Sus neuronas espejo se lo agradecerán y las de los demás, también.

"De las neurociencias a la empatía social pasando por las neuronas espejo, una sugerencia atractiva para el ejercicio del liderazgo" 








25 noviembre 2014

KOALAS Y POLÍTICOS: una aventura evolutiva apasionante...

Tras reflexionar al respecto, se me viene a la cabeza un curioso paralelismo zoológico en la escala evolutiva de las especies entre los marsupiales australianos y muchos de los personajes que deambulan por el nicho ecológico de la política. Darwin, posiblemente, no hubiera podido establecer paralelismos tan estrambóticos como éste que traigo a colación porque la política victoriana no estuvo presidida por la complejidad y singularidad de la que disfrutamos a comienzos del siglo XXI.

Todos conocemos, directa o indirectamente, algún ejemplar político y podemos comparar los curiosos lazos zoológicos que le asemejan a los koalas. Si alguien no se ha cruzado con ellos sólo tiene que hacer un pequeño ejercicio de reflexión creativa que le será de suma utilidad. No existe un paralelismo total, afortunadamente, ya que algunos políticos... y koalas, escapan a esta generalidad. Dicho esto, veamos las semejanzas.

Pasan la mayoría del tiempo subidos a un árbol, del que raramente suelen bajar. Duermen un promedio de veinte horas al día y se mueven muy lentamente a través de él. No les hace falta "hacer méritos" fuera del árbol ya que la subsistencia suele quedar garantizada si se han arrimado a un buen tronco. Hemos conocido ejemplares humanos, sigo con el paradigma zoológico para no perdernos entre las ramas, que mimetizan asombrosamente este comportamiento. Sin necesidad de "hacer méritos" en la vida civil -hay personas y personajes a los que, simplemente, no se les conoce prácticamente oficio ni beneficio al margen del buen árbol corporativo al que se han arrimado- sobreviven con un metabolismo basal muy lento durante la mayor parte del tiempo, evitando el desgaste que supone resolver problemas y atender los asuntos cotidianos de la gobernación con la diligencia esperada. En determinados momentos se activan, o son activados, siguiendo las exigencias que les impone la necesidad de subsistir.

Siendo los ositos amigables y amorosos animales sumamente lentos, sufren un alto grado de estrés si son sometidos a cualquier tipo de manipulación o situación desconocida. Es interesante comparar este comportamiento cuando los ejemplares humanos aludidos entran en estado de shock ante cualquier elemento mediático que amenaza con alterar el paradisíaco escenario de normalidad en el que aparentemente viven y nos trasladan frecuentemente con sus muecas esclerotizadas de plástico. 

Son tan reactivos que muchos de ellos devienen incapaces de planificar estratégicamente los cambios previsibles en el entorno y confían en poder apagar los fuegos que surjan sin quemarse ni siquiera las pestañas. Ya habrá otros que se inmolen en su lugar. Todo ello, claro está, con objeto de preservar la energía y limitar su gasto. Para sobrevivir, mejor moverse poco o nada, sólo lo estrictamente necesario. No es que estén asentados en la vagancia, es una simple cuestión de metabolismo dietético.

El vocablo "Koala" proviene del Dharug, un dialecto neozelandés. ¿No se imaginan qué significa? Ni más ni menos que "gula". Siendo la gula uno de los pecados capitales del cristianismo, recordaremos que se trata de un peligroso vicio conectado con el placer desordenado por la ingesta de comida o bebida. ¿Políticos con gula? No es una broma, pero difícilmente podría calificarse con otro término el afán desmesurado por el acceso y consumo de recursos de todo tipo que pasan por sus manos. Algunos habrá que se salven, sin lugar a dudas. Consulten, en cualquier caso, las hemerotecas de los últimos años para ver si más de uno, y de dos, no han incurrido en tan peligroso vicio.

Los ositos de los que hablamos suelen descender, siempre pegados a su árbol, cuando la temperatura del ambiente se eleva. Dicho en román paladino, se quitan de en medio hasta que pasa el calor. Tampoco esta conducta etológica de evitación es ajena al comportamiento de muchos de nuestros próceres. Cuando intuyen la elevación del mercurio en el termómetro social emigran hacia zonas más frescas sin afrontar el calor que muchas veces, por acción u omisión, pueden haber generado ellos mismos.

El cerebro de los koalas es, en proporción, mucho más pequeño que el del resto de los mamíferos. Con relación a la especie humana, "subespecie" homo politicus, este dato no ha podido ser contrastado fidedignamente por un servidor ante la imposibilidad de acceder a datos antropométricos post-morten de los ejemplares humanos de los que tratamos en este artículo. Dejamos abierta la incógnita a este respecto.

Finalmente, parece ser que los koalas tienen huellas digitales muy similares a las humanas; curioso dato. Por tanto, si se encuentran o conocen a cualquier ejemplar de la clase política que encaje con este perfil zoológico no incurran en el grave error de imputarles defectos que no son suyos. Son sufridores, en el más puro, evolutivo y original sentido del término, de las servidumbres que impone la madre naturaleza a una subespecie que ha surgido históricamente porque existían nichos ecológicos disponibles que así lo permitían. Se han limitado, ni más ni menos, que a ocupar dichos hábitats con diligencia y efectividad. Adaptándose han sobrevivido y evolucionado para conseguir seguir caminando.

"El koala como imagen arquetípica del comportamiento de muchos ejemplares humanos pertenecientes a la subespecie 'homo politicus'" 
















23 noviembre 2014

Cursus Honorum: están locos estos romanos.

Posiblemente recordemos sin especial dificultad una de las frases más famosas de Astérix, el entrañable personaje de Goscinny y Uderzo que tantos buenos ratos nos hizo pasar: ¿Están locos estos romanos? Sus historias comenzaban así..."Estamos en el año 50 antes de Jesucristo. Toda la Galia está ocupada por los romanos... ¿Toda? ¡No! Una aldea poblada por irreductibles galos resiste todavía y siempre al invasor". En el mapa que aparece en el cómic se nos muestra, destacada con una lupa, la gran obsesión de Julio César.
Fíjense si estaban locos los romanos que crearon una institución, el cursus honorum, que fijaba la "carrera de los honores", estableciendo cada una de las magistraturas que tenían que ser escaladas, peldaño a peldaño, desde la cuestura al consulado. Si bien es cierto que al final de la República fue intoxicada por la corrupción (¿nos suena este nombre, hoy día...?) de las costumbres, consistía esta institución en una estructura rígida (no se la saltaban los nepotistas, corruptos ni aventajados personajes que hoy pululan por nuestro particular palmarés mediático) que debía seguirse escrupulosa y rigurosamente.
Las instituciones romanas son tan atractivas en nuestros días que, incluso, no han podido resistirse a incluirlas en sus tramas narrativas cineastas como George Luckas en la saga de "La guerra de las galaxias".
¿Cómo iba a llegar un ciudadano -no todos los eran en Roma, que conste- a pretor (presidían los tribunales) si anteriormente no había sido edil (eran los alcaldes de las villas y ciudades)? Era impensable saltarse el cursus honorum ya que se suponía, creo que acertadamente, que un ciudadano adquiría sus cualidades como gobernante comenzando por "pequeños encargos". Si se equivocaba en estas encomiendas de gestión, la magnitud del daño era asumible y la persona no seguía progresando porque era, por decirlo en términos sencillos, inútil para ese tipo de tareas. Una vez adquirida la pericia y estando en el lugar adecuado, claro está, podían aspirar a magistraturas más elevadas, de mayor complejidad y envergadura, estando preparados para afrontar los retos más difíciles porque habían solventado con soltura, eficiencia y eficacia las encomiendas de menor calado. Es tan simple y tan lógico que huelga explicación más extensa.
Sin animus puniendi hacia ningún ciudadano en particular y centrándonos en la praxis habitual de muchos entornos políticos y corporativos, a nadie le extraña hoy día ver a personas desprovistas del adecuado liderazgo y perfil directivo que, por circunstancias oscuras y poco confesables, han accedido a importantes magistraturas con el único objeto de servirse de ellas para seguir creciendo (¿trepando?). Como es mucho más trabajoso conocer el negocio desde abajo,  ya que se tarda tiempo y hay que invertir esfuerzo, sobrevienen líderes digitales, o digitalizados, sin mayores méritos que una buena amistad, parentesco o ubicación estratégica adecuada. 

Porque dirigir no es fácil. Lejos estamos ya de los primeros estudios de la Psicología Social en los que se entendía, prácticamente con exclusividad, que el líder lo era porque genéticamente estaba predispuesto a ello. Sin ser falso lo anterior, el estudio del liderazgo de las últimas décadas ha demostrado que no podemos simplificar a este respecto y que el aprendizaje y la reflexión sobre la experiencia devienen esenciales para formar buenos y efectivos liderazgos. Recapitulemos, sin ánimo de extenderme en demasía, sobre algunas características esenciales de la dirección.
1. Capacidad para delegar, asignar responsabilidades y definir los resultados a obtener.
2. Combinar y coordinar los esfuerzos de todos los recursos disponibles para alcanzar los objetivos propuestos.
3. Mediar y solventar diferencias actuando como regulador transaccional en la gestión de los conflictos interpersonales.
4. Establecer directrices y marcar la senda a seguir en cada caso.
5. Ser capaces de incentivar y motivar a las personas a su cargo, estimulando el rendimiento del individuo y del equipo de trabajo.
¿Pasarían todos nuestros políticos y dirigentes un test que midiese, como mínimo, esas características? Sinceramente, tengo serias dudas de ello. La caterva de impresentables que ha subido como la espuma en todos los entornos de poder sólo pretende mantenerse en ellos aún a pesar del daño cruento que están haciendo sufrir a los intereses de la ciudadanía. Nunca fue tan fácil ocupar un espacio sin tener la pericia adecuada.


"Cómo hacer que todo cambio en el entorno no cambie lo que tendría que hacerme cambiar" 
@WilliamBasker




22 noviembre 2014

Canibalismo y organizaciones: la fagocitación ritual del talento.

Sigmun Freud, en su libro "Totem y tabú" (1912), nos ofrece una descripción del mito de la comida totémica. En la horda primitiva, los hermanos asesinan al padre con el único objeto de adquirir su fuerza y poder ante las mujeres.
Ingerir carne humana, práctica habitual en muchos pueblos indígenas de costumbres antropofágicas, no consistía exclusivamente en una práctica o acto desesperado ante situaciones de carencia extrema de alimentos. Antes bien, está suficientemente documentado por los antropólogos la existencia de un canibalismo entendido como ritual de posesión a través del cual se incorporaban las cualidades del enemigo que, de esta manera, se transferían a la persona que ingería la carne humana. 




Reflexionando al respecto y extrapolándolo a contextos organizativos, podemos considerar que los seres humanos, cuando ejercen el poder y sienten la tentación o necesidad de ejercer el dominio sobre los que le rodean, pueden llegar a practicar un canibalismo de las conciencias e ideas de sus "víctimas". 

No es nada infrecuente que cualquiera de nosotros haya conocido a personas que, en el ejercicio de su poder como gestores de recursos humanos, hayan sido manifiestamente incapaces de organizar y desplegar las facultades necesarias para la gobernación de los asuntos sobre los que eran competentes. Ante manifiesta incompetencia, ejerciendo un poder carente de autoridad, han fagocitado simbólicamente las ideas, el trabajo y la ilusión de esforzados trabajadores que no tenían otra pretensión que realizar correctamente las labores encomendadas.
Esta práctica de antropofagia o canibalismo organizacional tenía como objeto primordial evitar que las personas fagocitadas pudiesen desplegar todo el elenco de energía y habilidades que pudieran ensombrecer la figura totémica provista de pies de barro de sus patrocinadores. Adicionalmente, y en un rocambolesco y perverso ejercicio de reciclaje medioambiental postmoderno, dicha energía no era desperdiciada sino hurtada subrepticiamente para que, tras un proceso de maquillaje burdo y elemental, ser presentada como una fresca flor proveniente de una planta reseca y esclerotizada que, de esta forma, podía revivir temporalmente con apariencia de frescura y lozanía.
En condiciones normales, dicha práctica ha podido ser sistematizada por el simple expediente de incorporar nuevas víctimas a la perversa rueda taylorista de la fagocitación simbólica. Un único problema, la huída -aunque debilitada- de cualquier víctima podría generar por sí misma un fortísimo sentimiento de frustración en el totem fagocitador capaz de aniquilar, de ser atrapada, los restos palpitantes de la osada ofrenda humana que saltó sin pedir permiso del altar ceremonial para recuperarse de sus heridas.


"La fagocitación del talento ajeno como vía de supervivencia de la mediocridad" 

@WilliamBasker




Psicópatas integrados: ¿gato por liebre...?

El término "psicópata" evoca de manera automática una serie de esquemas cognitivos en todos nosotros que, maleado y cariturizado por la filmografía a la que tan aficionados somos, puede confundirnos al calibrar la verdadera dimensión del término.
Más allá de los casos extremos, que los hay, donde se producen conductas ilícitas de gran impacto social, existen personas perfectamente integradas en la vida social y las organizaciones que responden a un perfil psicopático subclínico, esto es, no diagnosticado por un profesional de la Psicología o Psiquiatría. Ello no debería dejarnos indiferentes porque el daño, larvado y constante, que hacen a los que les rodean y a su entorno genera un deterioro, en lo macro, del ambiente laboral y un desgaste psicológico, en lo micro, que puede ser la antesala de verdaderos calvarios psicológicos para sus víctimas.
La agresión directa -física o verbal- no suele pasar desapercibida y es relativamente fácil de reconducir y abordar. La realmente peligrosa, es la ejercida por estos psicópatas subclínicos que tienen, ante todo, una necesidad imperiosa, podríamos decir que "patológica", de controlar a los demás y a su entorno. Para ello suelen utilizar cuantos medios de presión psicológicos tienen a su alcance. Ejercen la coacción sobre los demás de manera sistemática, hábil y profundamente dañina para la salud mental y emocional de los acosados. Dado que se trata, por lo general, de personas bastante inteligentes, sus estrategias de manipulación son sutiles y altamente efectivas. Lo más peligroso es que no suelen dejar evidencias, por lo que es difícil denunciarlos y luchar contra estas conductas de acoso.
Su autoestima (y ego) suele ser desproporcionada, creyéndose en todo momento y lugar superiores al resto. Siendo hábiles mentirosos, sin complejos, no tienen remordimientos de conciencia que disipen o neutralicen el daño de sus actuaciones. La empatía, en estos casos, es ínfima o nula.
Otros elementos de su perfil suelen ser la impulsividad, el descontrol, la necesidad constante de estímulos, una retórica efectista, aunque hueca a poco que se analice, y un estilo de vida parasitario. Dibujamos, como se ha podido ver hasta ahora, verdaderas "máquinas de guerra psicológica" rondando las calles y los entornos organizativos.
La expresión más violenta de la psicopatía es la conducta criminal, aunque la mayoría de ellos no suelen ser delincuentes. Si hablamos de cifras, extraemos de la literatura especializada una prevalencia del uno por ciento en la población en general, aumentando hasta cinco si elegimos entornos corporativos, políticos y organizacionales. Estos últimos representan, lamentablemente, el nicho ecológico preferido por almas y espíritus despiadados que con su afán desenfrenado por trepar a costa de cualquiera van dejando cadáveres y "mutilados" por los recovecos de las organizaciones. Lejos de ensalzar este tipo de comportamiento "competitivo", nos iría mejor si observáramos, sacáramos a la luz estas conductas infamantes y buscásemos la manera, difícil aunque no imposible, de limitar o neutralizar el daño que estas conductas psicopáticas (subclínicas y no criminales) infligen a los entornos laborales.


"Los psicópatas integrados corroen y desgastan cualquier entorno humano o social en el que se mueven" 

@WilliamBasker


21 noviembre 2014

La perversión de la lógica; el enredo como estrategia organizativa.


Perversión: dícese del "envilecimiento o corrupción,sobre todo si son causados por malos ejemplos o enseñanzas". No nos vendría mal retomar, de vez en cuando, la lectura del diccionario. Digo esto porque quisiera comentar lo curioso que resulta que en diversas organizaciones y estructuras corporativas, la lógica del funcionamiento de las mismas se ha pervertido hasta el punto de justificar lo injustificable. 

Intentaré explicarme. Lo razonable es que una vez detectado un problema o planteado un objetivo sobre el que trabajar, se decida articular una serie de actuaciones con objeto de generar el correspondiente producto. Esto, que parece tan sencillo de explicar, es difícil de aplicar porque en determinados casos (he sido testigo directo e indirecto de ellos), se decide actuar (reunirse, por ejemplo) sin intención de culminar o producir nada sino porque es la única manera de justificar y perpetuar las estructuras (anquilosadas y absolutamente herrumbrosas) que persisten en muchas organizaciones. 

El impacto del trabajo realizado es mínimo (en sentido positivo) y desastroso, en el amplio sentido de la palabra. Consecuentemente, surge el problema de buscar, en ese momento, material para justificar dichas reuniones o eventos. El "drama" (y el ridículo más pasmoso) sobreviene cuando no hay manera humana de justificar esa actuación y tras sesudas reflexiones se llega a la conclusión de que es muy difícil encontrar una materia medianamente importante sobre la que trabajar. No sólo se pierde el tiempo, sino que sobreviene el hastío y el desánimo. Esto genera un malestar corporativo que enrarece el ambiente de trabajo hasta límites insospechados.

Hay personajes encastrados en las intrincadas ramas de muchas corporaciones que son especialistas en revolver y enredar lo obvio. Todo ello, en primer lugar, para beneficio de sus particulares posiciones y, podríamos pensar, para justificar una diligencia inexistente que les permita alimentar su ego el mayor tiempo posible. El ejercicio del poder, una vez más, enmascara la carencia de autoridad.

"El enredo de lo obvio como estrategia para sobrevivir en posiciones de poder con un déficit incomensurable de autoridad"



... como decíamos ayer...

Tras muchas jornadas ausente, de viaje por senderos curiosos, complicados e interesantes, llega el momento de retomar esta ventana. La realidad a veces supera (sé que es un tópico un tanto manido pero no por ello menos real) ampliamente a la ficción más descabellada. Por tanto, a los temas "clásicos" de este blog añadiré elementos diversos (espero que no demasiado dispersos) de reflexión personal que no tienen otra pretensión que esbozar los hilos por donde discurre el camino, mi camino, ...

Espero ser consecuente con el clásico adagio latino, Primum vivere deinde philosophari, con objeto de que la reflexión y el análisis no impida el tránsito por la vida y su disfrute.



Seguimos....